viernes, 8 de junio de 2012

A mi ritmo...

Desde que empece esta relación con el dolor, que inició desde el proceso de tratamiento del cáncer y hasta ahora -3 años después-  siento que la forma en la que me "muevo" en el mundo (no sólo físicamente, jejeje) ha cambiado.

Empezó como un rechazo al absurdo correr que demandaba mi espacio laboral y en general a la loca carrera en la que siento que los humanos nos metemos: hacerlo todo, ya, sin perder tiempo... El "Perder tiempo" fue algo que también se transformó profundamente en mi: pensaba que hacer pereza en una cama un día o una tarde era como dejar de vivir. Recuerdo con ironía y se lo cuento a todas las personas que escucho diciendo en voz alta que desearían tener tiempo para dormir o descansar, pero que mil razones se los impiden... Yo les cuento que era algo que también secretamente deseaba, en particular después de días de trasnocho por mi trabajo (de lo cual me enorgullecía, esa capacidad de trabajar como caballo, ¡soy una dura!). Incluso miraba al cielo y decía: Cómo me gustaría pasar una semanita en cama... En la batalla con el cáncer pasé un año en cama y con el dolor crónico paso muchas tardes en ella. A veces pienso riéndome que la vida es irónica y que debí ser más precisa cuando le pedía eso.

Mi nuevo ritmo me permite disfrutar la quietud. Hay momentos que la necesito, el dolor o los medicamentos hacen que la requiera sin darme otra alternativa. Pero sacando esos casos aparte, ahora me permito ir lento, hacer las cosas cuando puedo e incluso no hacerlas... ¡qué cosas como tuve que aprenderlo!

Esto no significa que me sea más fácil moverme en el mundo... alrededor aun corren y por momentos siento que no puedo y no quiero seguir esa velocidad. Tampoco significa que todo es felicidad, en muchos momentos la sensación que más me acompaña es la de desgaste, mis vueltas médicas son todo un curso avanzado de burocracia, que junto con mi tratamiento me pueden representar el 50% de mi tiempo y en el otro 50% intento ser medio productiva (sin mucho éxito, pues estoy en el lugar equivocado) y hacer las otras cosas que hacen parte de mi vida. Conclusión, el tiempo no me alcanza... y siento una mano invisible que me presiona para que sea más rápida, para que "el tiempo me rinda".

Aún no logro encontrar el equilibrio, pero la pulsación interna que me indica el camino, me dice que debo buscar ir a mi propio ritmo.