Hace mucho no escribo ya.
Han pasado muchas cosas, desde la salud y desde la vida misma -obvio-. A veces siento que el vivir con dolor (a pesar de la cantidad de medicamentos que consumo) me hace reconocer más lo doloroso... me suena un poco tonto al pensarlo y al leerlo, pero no se de que otra manera expresarlo.
Crecí pensando que era malo estar triste, o con rabia, o negativa. No se en que momento semejante "rayón" se incrustó en mi psiquis, el caso es que hice bien el trabajo y logré enfocar por mucho tiempo mis energías en lo bueno, la felicidad y el pensar bonito. Ahora, a mis 4 años de superar el cáncer y a mis 3 años de diagnóstico de dolor crónico, por fin logré ver el rayón, logré enfrentarlo. Cuanta tristeza guardada sin saberlo -sin verlo- cuanta rabia por lo pequeño y lo grande. Y cuanto dolor, por la amiga que perdí el año pasado, por mi ahijado que murió antes de nacer.
Afortunadamente, así como ahora me permito ver, sentir, expresar estas emociones en otrora vedadas, también logro drenarlas, dejarlas salir y continuar mi camino, un poco más completa como persona, re-conociéndome y re-encontrándome en toda la dimensión de lo que soy a mis 38 años.
Hoy me encontré en un correo con esta historia, tan de quien la cuenta pero a la vez tan mía, que al leerla me leo en ella y muy seguramente quienes han pasado por cáncer también lo sentirán igual, de cierta manera.
Se las comparto:
Vivir con una mastectomia doble - Rosario Caicedo Estela