miércoles, 3 de julio de 2013

Sus palabras...mis palabras

Hace mucho no escribo ya.

Han pasado muchas cosas, desde la salud y desde la vida misma -obvio-. A veces siento que el vivir con dolor (a pesar de la cantidad de medicamentos que consumo) me hace reconocer más lo doloroso... me suena un poco tonto al pensarlo y al leerlo, pero no se de que otra manera expresarlo.

Crecí pensando que era malo estar triste, o con rabia, o negativa. No se en que momento semejante "rayón" se incrustó en mi psiquis, el caso es que hice bien el trabajo y logré enfocar por mucho tiempo mis energías en lo bueno, la felicidad y el pensar bonito. Ahora, a mis 4 años de superar el cáncer y a mis 3 años de diagnóstico de dolor crónico, por fin logré ver el rayón, logré enfrentarlo. Cuanta tristeza guardada sin saberlo -sin verlo- cuanta rabia por lo pequeño y lo grande. Y cuanto dolor, por la amiga que perdí el año pasado, por mi ahijado que murió antes de nacer.

Afortunadamente, así como ahora me permito ver, sentir, expresar estas emociones en otrora vedadas, también logro drenarlas, dejarlas salir y continuar mi camino, un poco más completa como persona, re-conociéndome y re-encontrándome en toda la dimensión de lo que soy a mis 38 años.

Hoy me encontré en un correo con esta historia, tan de quien la cuenta pero a la vez tan mía, que al leerla me leo en ella y muy seguramente quienes han pasado por cáncer también lo sentirán igual, de cierta manera.

Se las comparto:

Vivir con una mastectomia doble - Rosario Caicedo Estela

sábado, 19 de enero de 2013

A propósito de mi vivencia con la atención en el sistema de salud colombiano

Les comparto este artículo de un buen amigo argentino, por aquello de que definitivamente existen otras formas....

Tomado de:http://www.altaalegremia.com.ar/contenidos/Carta_N_91_Practica-Actitud.html

PRÁCTICA-ACTITUD


Práctica y actitud van de la mano. Esperamos que las cosas se hagan siempre bien y con ternura y en especial cuando se trata del cuidado de la salud.

Comparto dos vivencias. 

Una de ellas, escuchando a Doña Elena tras mi descripción de las “toses peligrosas”, en un Encuentro de familias campesinas en Bandera Bajada, Provincia de Santiago del Estero:

“Lo que nos dice Julio lo vi en una vecinita de 9 años. La Mamá me llamó porque la veía mal. Y sí, cuando yo llegué la vi muy grave...”
           
Doña Elena, que había venido de un lejano paraje, se explayó contando con lujo de detalles todo lo que percibía en la niña… ¡Una neumonía “de libro”!
                       
“Lo primero que hice fue rezar. Encomendarme…”

Pasó luego a explicar cómo preparó el fuego, colocó un recipiente con agua para producir vapor; dobló un paño calentándolo con una “plancha de carbón” y lo aplicó sobre el pecho de la niña.

Culminó su relato diciéndonos:

“Me quedé, me quedé toda la noche sosteniendo la mano de la niña. ¡Al amanecer la chiquita estaba mejor!”


La otra vivencia la extraigo de un párrafo del artículo “El Hospital”, de nuestro querido y admirado Mario Testa, médico sanitarista, contando su internación pasando por tres hospitales:

“… aparecen una mujer y dos hombres al pie de mi cama. Deduzco por su actitud que son médicos. Uno de ellos –robusto, de bigote- dialoga con la mujer – petisa, rubia-, el otro –alto, flaco se mantiene independiente. Los tres miran los electrocardiogramas: el que me tomaron al ingresar, otro de control después de la colocación del marcapaso y el  matutino de rutina. Ninguno de los tres me mira ni me dice nada.
Robusto de bigote mirando fijamente al centro de la galaxia: ¿el señor estaba tomando algún medicamento antes del episodio?; rubia petisa mirándome por primera vez: señor, ¿estaba tomando algún medicamento antes de este episodio?, yo mirando a la rubia petisa: no; ella mirando a robusto de bigote: no. Intervalo silencioso; luego robusto de bigote siempre con la mirada fija en el mismo punto del espacio exterior, ¿qué edad tiene el señor?, rubia petisa mirándome: señor, ¿qué edad tiene?; yo: sesenta y siete, ella mirando a robusto de bigote: sesenta y siete. La pareja dialogante se retira sin otro comentario. El flaco alto permanece un momento más siempre mirando los electrocardiogramas y luego se retira sin haber abierto la boca ni dirigirme una sola vez la mirada.
Yo me quedo, no sé por qué pienso que puedo estar convirtiéndome en un pez. (*)

Entendemos que las prácticas no se realizan independientemente de los sentires.

Se trata de una sola acción que llamamos “práctica-actitud”, una unidad en sí misma, que responde a valores profundamente arraigados.

“Práctica-actitud” es cuidar a una niña campesina con tos en su propio hogar, tomándole la mano toda la noche, y también lo es estar concentrado en la lectura de un electrocardiograma al pie de la cama de una persona internada sin dirigirle ni una mirada.
Las dos vivencias descritas revelan valores diferentes.

El cuidado de la salud requiere “prácticas-actitudes” que surjan desde el amor, el respeto y la ternura.

           Hasta la Victoria de la Vida Siempre!!!

                                                                     Julio